Suplementación con creatina y cáncer: entre el riesgo teórico y la evidencia.
por Manuel Pasra

La suplementación con creatina monohidrato es uno de los productos ergogénicos más utilizados a nivel mundial. Sin embargo, investigaciones recientes sobre el metabolismo de la creatina en el cáncer han generado un debate sobre su posible papel en la progresión tumoral. Este artículo revisa críticamente la evidencia disponible, desde los mecanismos moleculares hasta los datos epidemiológicos en humanos, con el objetivo de determinar si existe una base sólida para recomendar prudencia en su consumo. La evidencia actual indica que, si bien existen mecanismos teóricos plausibles por los cuales la creatina podría favorecer la metástasis en modelos animales, no se ha demostrado un aumento del riesgo de cáncer en humanos. No obstante, la naturaleza contradictoria de los hallazgos preclínicos y la falta de estudios a largo plazo en poblaciones oncológicas justifican un llamado a la prudencia, especialmente en individuos con antecedentes de cáncer o en tratamiento oncológico activo.
Palabras clave: creatina, cáncer, creatina quinasa, metástasis, suplementación, seguridad.
- Introducción
La creatina es un compuesto nitrogenado sintetizado endógenamente en hígado, riñón y páncreas, y obtenido exógenamente a través de la dieta (principalmente carne y pescado) o mediante suplementación (Brosnan & Brosnan, 2007). Su función principal es el mantenimiento de los niveles de ATP en tejidos con alta demanda energética, como el músculo esquelético y el cerebro, a través del sistema de la fosfocreatina/creatina quinasa (CK) (Wallimann et al., 1992).
La suplementación con creatina monohidrato ha demostrado ser eficaz para aumentar la masa muscular, la fuerza y el rendimiento deportivo (Kreider et al., 2017). No obstante, en los últimos años, una serie de investigaciones sobre el papel del metabolismo de la creatina en el cáncer han encendido las alarmas. Estudios en modelos animales sugieren que la creatina exógena podría favorecer la metástasis en ciertos tipos de cáncer (Zhang et al., 2021), mientras que otros trabajos muestran efectos antitumorales (Di Biase et al., 2019). Esta aparente contradicción ha generado incertidumbre y ha llevado a algunos sectores a recomendar cautela con el suplemento.
El objetivo de este artículo es sintetizar la evidencia científica disponible sobre la relación entre la suplementación con creatina y el cáncer, examinando los mecanismos moleculares, los datos preclínicos y la evidencia epidemiológica y clínica en humanos, para ofrecer una perspectiva equilibrada y fundamentada que oriente tanto a profesionales de la salud como a consumidores.
- Mecanismos moleculares: la vía de la creatina quinasa en el cáncer
2.1. El sistema de la fosfocreatina/creatina quinasa
El sistema CK/PCr actúa como un amortiguador energético temporal, regenerando ATP a partir de ADP y fosfocreatina en sitios de alta demanda energética (Wallimann et al., 1992). Las células cancerosas, caracterizadas por una proliferación rápida y un metabolismo alterado (efecto Warburg), a menudo sobreexpresan isoformas de CK, especialmente la CK cerebral (CKB) y la CK mitocondrial, para satisfacer sus necesidades energéticas (Kazak & Cohen, 2020).
2.2. Evidencia del laboratorio de Chouchani: la CK como diana terapéutica
El laboratorio del Dr. Edward Chouchani, del Dana-Farber Cancer Institute y la Facultad de Medicina de Harvard, ha sido pionero en el desarrollo de inhibidores selectivos de la CK. Utilizando una cisteína presente en el sitio activo de todas las isoformas de CK, su equipo desarrolló un inhibidor covalente denominado CKi (Katz et al., 2024; Chouchani et al., 2020). Este compuesto bloquea de manera potente y selectiva la actividad de la CK, agotando rápidamente la fosfocreatina intracelular y provocando toxicidad selectiva en células cancerosas dependientes de esta vía, como las de leucemia mieloide aguda (LMA) y glioblastoma (GBM) (Geng et al., 2024; Katz et al., 2024).
Estos hallazgos demuestran que la vía de la creatina es una «responsabilidad metabólica» para muchos tumores agresivos; es decir, las células cancerosas dependen de ella para sobrevivir y proliferar. Esta dependencia ha llevado a la hipótesis teórica de que un exceso de sustrato (creatina) podría «alimentar» a las células tumorales. Sin embargo, es crucial distinguir entre inhibir una enzima (efecto terapéutico) y suplementar un sustrato (efecto potencialmente perjudicial). La inhibición de la CK mata las células cancerosas porque bloquea su capacidad de generar energía rápidamente; la suplementación con creatina, por el contrario, podría aumentar la disponibilidad de sustrato, pero también podría saturar la vía o tener efectos inmunomoduladores antitumorales, como se discutirá más adelante.
2.3. Mecanismos propuestos de promoción tumoral
Diversos estudios han propuesto mecanismos por los cuales la creatina podría favorecer la progresión del cáncer:
· Activación de la vía MPS1-Smad2/3: Zhang et al. (2021) demostraron en modelos murinos de cáncer colorrectal y de mama que la suplementación con creatina promovía la metástasis a través de la activación de la quinasa MPS1, que a su vez fosforilaba Smad2 y Smad3, induciendo la expresión de factores de transcripción pro-metastásicos como Snail y Slug. El silenciamiento del transportador de creatina (Slc6a8) bloqueaba este efecto, confirmando que la captación de creatina por las células tumorales era esencial para el proceso metastásico.
· Hiperactivación plaquetaria: Un estudio reciente (Wang et al., 2026) reveló que la creatina exógena actúa sobre los megacariocitos a través del transportador SLC6A8, aumentando la expresión de CKB y promoviendo la fosforilación no canónica de STAT5B. Esto conduce a la producción de plaquetas hiperactivas que favorecen la adhesión de células tumorales y aumentan la metástasis pulmonar en modelos murinos. En voluntarios humanos, la suplementación a corto plazo con creatina incrementó la actividad plaquetaria, y las plaquetas «cebadas» con creatina aumentaron la metástasis cuando se xenotransplantaron en ratones inmunosuprimidos. Este hallazgo sugiere un mecanismo indirecto, mediado por el microambiente, que podría ser relevante en humanos.
· Reprogramación del microambiente inmunosupresor: En el carcinoma escamoso de esófago, la acumulación de creatina junto con la deficiencia de hexoquinasa 3 (HK3) reprograma el metabolismo de los macrófagos, impulsando su polarización hacia un fenotipo M2 pro-tumoral y creando un microambiente inmunosupresor que acelera la progresión tumoral (Gao et al., 2025).
2.4. Mecanismos propuestos de inhibición tumoral
Contrariamente a los hallazgos anteriores, otras investigaciones han demostrado efectos antitumorales de la creatina:
· Potenciación de la inmunidad antitumoral: Di Biase et al. (2019) mostraron que la captación de creatina por las células T CD8+ es esencial para su activación y función antitumoral. En modelos murinos de melanoma, la suplementación con creatina ralentizó significativamente el crecimiento tumoral al potenciar la actividad de estas células inmunitarias.
· Inducción de apoptosis y efectos sobre la acidosis: Estudios in vitro y en animales han reportado que tanto la creatina como su análogo ciclocreatina pueden inhibir la proliferación de células cancerosas, posiblemente mediante la modulación de la acidosis celular, la inflamación y el estrés oxidativo (Examine.com, 2025).
· Mejora de la eficacia de la quimioterapia: Algunos experimentos sugieren que la creatina podría aumentar la eficacia de agentes quimioterapéuticos, aunque estos datos son preliminares (News-Medical, 2025).
En conjunto, estos resultados contradictorios reflejan la complejidad del metabolismo de la creatina en el cáncer y la gran variabilidad entre tipos tumorales y modelos experimentales (Geng et al., 2024).
- Evidencia en modelos animales: resultados contradictorios
Los estudios en modelos animales han sido fundamentales para generar las hipótesis sobre el papel de la creatina en el cáncer, pero sus resultados son notablemente inconsistentes.
3.1. Estudios que sugieren promoción de metástasis
Zhang et al. (2021) observaron que la suplementación oral con creatina a dosis clínicamente relevantes en ratones aumentaba la metástasis pulmonar y acortaba la supervivencia en múltiples modelos tumorales (cáncer colorrectal ortotópico y cáncer de mama), tanto en machos como en hembras. El efecto era independiente del transportador SLC6A8 de las células tumorales, pero dependía de las plaquetas, y se atenuaba con agentes antiplaquetarios como la aspirina. Estos hallazgos fueron posteriormente corroborados por Wang et al. (2026), quienes demostraron que la creatina promovía la metástasis a través de la hiperactivación plaquetaria mediada por CKB-STAT5B.
3.2. Estudios que sugieren inhibición tumoral
En contraste, otros estudios en roedores han reportado que la suplementación con creatina no promueve el crecimiento tumoral y puede incluso ralentizarlo. Por ejemplo, en un modelo de tumor de Walker-256 en ratas, la creatina no aumentó la agresividad tumoral (Examine.com, 2025). En modelos de melanoma, la creatina redujo el crecimiento tumoral al potenciar la inmunidad mediada por células T CD8+ (Di Biase et al., 2019). Asimismo, la ciclocreatina, un análogo sintético, ha mostrado efectos antitumorales en varios modelos animales, aunque su mecanismo parece depender de la expresión de CK, que varía entre tumores (Examine.com, 2025).
3.3. Limitaciones de los modelos animales
Es fundamental destacar que estos hallazgos provienen de modelos animales y no pueden extrapolarse directamente a humanos. Las diferencias en el metabolismo, la farmacocinética y la biología tumoral entre especies son sustanciales. Además, las dosis utilizadas en roedores a menudo no reflejan las dosis típicas de suplementación en humanos, y los modelos de metástasis (inyección intravenosa vs. espontánea) pueden influir en los resultados. Por tanto, aunque estos estudios generan hipótesis valiosas, no constituyen evidencia concluyente de riesgo en humanos.
- Evidencia en humanos: datos epidemiológicos y clínicos
4.1. Estudios epidemiológicos
La evidencia epidemiológica en humanos no respalda un aumento del riesgo de cáncer asociado al consumo de creatina. Un estudio transversal de 2023, que analizó datos de 7,344 adultos estadounidenses participantes en la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) 2017-2020, encontró que una mayor ingesta dietética de creatina se asociaba con un menor riesgo de cáncer o malignidad, con una reducción del 1% en el riesgo por cada miligramo adicional de creatina por kilogramo de peso corporal consumido diariamente (Examine.com, 2025). Un estudio posterior con 25,879 participantes replicó esta asociación inversa (Examine.com, 2025).
En cuanto a la posible carcinogenicidad de las aminas heterocíclicas (HCA), compuestos que se forman cuando la creatina reacciona con aminoácidos y azúcares a altas temperaturas durante la cocción de la carne, la evidencia en humanos es tranquilizadora. En un ensayo clínico controlado, la suplementación con creatina a dosis altas no aumentó la formación endógena de HCA; de hecho, solo nueve muestras de orina contenían HCA medibles, y la mayoría provenían de los receptores de placebo (News-Medical, 2025).
4.2. Ensayos clínicos en pacientes oncológicos
Una revisión sistemática y metaanálisis reciente (Leite et al., 2026) evaluó la seguridad y eficacia de la suplementación con creatina en pacientes con cáncer. Se incluyeron cinco ensayos controlados aleatorizados con 373 pacientes (190 en el grupo de creatina, 183 en placebo). Los resultados mostraron que no hubo diferencias significativas en eventos adversos entre los grupos. La función renal se evaluó en un ensayo y mostró elevaciones de creatinina no clínicamente relevantes. La suplementación no afectó significativamente la fuerza muscular, la función física o la masa magra, pero se asoció con una reducción de la masa grasa (Leite et al., 2026).
Estos datos indican que, en el contexto de ensayos clínicos controlados, la suplementación con creatina es bien tolerada en pacientes oncológicos, sin señales de toxicidad grave. Sin embargo, es importante señalar que estos estudios tienen limitaciones: tamaño de muestra reducido, duración corta (1 a 12 semanas) y heterogeneidad en las dosis y los tipos de cáncer. Además, la mayoría de los pacientes estaban recibiendo tratamiento oncológico activo, lo que puede enmascarar efectos a largo plazo.
4.3. Consideraciones sobre la pureza de los suplementos
Un aspecto crítico que a menudo se pasa por alto en el debate sobre la creatina y el cáncer es la calidad y pureza de los suplementos comerciales. Algunos productos pueden contener contaminantes o ingredientes farmacéuticos no aprobados si no han sido sometidos a pruebas de terceros (News-Medical, 2025). Por tanto, la principal preocupación de seguridad no reside en la molécula de creatina en sí, sino en la posibilidad de consumir productos adulterados o de baja calidad.
- Discusión: ¿riesgo real o teórico?
La pregunta central es si la suplementación con creatina representa un riesgo real para el desarrollo o la progresión del cáncer en humanos. Con base en la evidencia revisada, la respuesta es que el riesgo es fundamentalmente teórico y no ha sido demostrado en estudios humanos.
Los mecanismos propuestos de promoción tumoral (activación de Smad2/3, hiperactivación plaquetaria, inmunosupresión) son biológicamente plausibles y han sido observados en modelos animales. Sin embargo, los estudios en animales también muestran efectos antitumorales, lo que refleja la complejidad y la naturaleza contexto-dependiente del metabolismo de la creatina. La falta de consistencia en los hallazgos preclínicos sugiere que los efectos de la creatina sobre el cáncer están fuertemente modulados por el tipo de tumor, el microambiente, el estado inmunológico del huésped y la dosis.
Por otro lado, la evidencia en humanos es limitada pero tranquilizadora. Los estudios epidemiológicos muestran una asociación inversa entre la ingesta de creatina y el riesgo de cáncer, y los ensayos clínicos en pacientes oncológicos no han reportado un aumento de eventos adversos. No obstante, estos estudios no están diseñados para detectar efectos a muy largo plazo ni para evaluar el riesgo en personas sanas que consumen creatina durante años.
Es importante contextualizar el hallazgo de Chouchani y su equipo: el desarrollo de inhibidores de CK como el CKi demuestra que bloquear la vía de la creatina es terapéuticamente beneficioso en ciertos cánceres. Esto no implica que aumentar la disponibilidad de creatina sea perjudicial; de hecho, en algunos contextos, la creatina puede potenciar la inmunidad antitumoral. La dicotomía entre inhibir una enzima y suplementar un sustrato es crucial y a menudo se malinterpreta.
5.1. Prudencia sin alarmismo
A pesar de la falta de evidencia de daño en humanos, la prudencia es justificable por varias razones:
- Incertidumbre científica: La naturaleza contradictoria de los datos preclínicos y la ausencia de estudios a largo plazo en humanos dejan abierta la posibilidad de que existan efectos adversos en subgrupos específicos, como personas con cánceres dependientes de CK o con metástasis establecidas.
- Plausibilidad biológica: La existencia de mecanismos moleculares que vinculan la creatina con la metástasis en modelos animales no puede descartarse a la ligera, especialmente porque algunos de estos mecanismos (como la hiperactivación plaquetaria) han sido observados en voluntarios humanos a corto plazo (Wang et al., 2026).
- Poblaciones vulnerables: Los pacientes oncológicos, las personas con antecedentes familiares de cáncer y aquellos con condiciones inflamatorias crónicas podrían ser más susceptibles a cualquier efecto pro-tumoral de la creatina. En estos grupos, la relación riesgo-beneficio de la suplementación es menos favorable.
- Calidad del suplemento: Como se mencionó, la contaminación de los suplementos es un riesgo real y prevenible. La recomendación de utilizar productos de terceros verificados es una medida de prudencia básica.
5.2. Recomendaciones prácticas
Con base en el análisis, se pueden formular las siguientes recomendaciones:
· Para la población general sana: No hay evidencia que contraindique el uso de creatina monohidrato a las dosis recomendadas (3-5 g/día) para mejorar el rendimiento deportivo o la masa muscular. La relación riesgo-beneficio es favorable.
· Para pacientes oncológicos: La suplementación con creatina debe ser discutida con el equipo médico tratante. Aunque los ensayos clínicos no muestran daño a corto plazo, la evidencia es insuficiente para recomendarla de forma rutinaria en este grupo. Cualquier uso debe ser monitoreado.
· Para personas con cáncer activo o metástasis: Se recomienda prudencia extrema. Dado que los modelos animales sugieren un posible efecto pro-metastásico, y que los mecanismos son plausibles, es razonable evitar la suplementación con creatina en este contexto hasta que se disponga de más datos.
· Para investigadores: Se necesitan estudios prospectivos a largo plazo en humanos que evalúen la relación entre la suplementación con creatina y la incidencia de cáncer, así como ensayos clínicos en pacientes oncológicos que midan desenlaces de progresión y supervivencia.
- Conclusión
La suplementación con creatina es una práctica segura y eficaz para la mayoría de las personas sanas, con un perfil de seguridad bien establecido. Las preocupaciones sobre un posible aumento del riesgo de cáncer se basan en mecanismos teóricos y en resultados contradictorios de modelos animales, pero no han sido confirmadas en estudios humanos. Los datos epidemiológicos sugieren incluso un posible efecto protector, y los ensayos clínicos en pacientes oncológicos no han mostrado un aumento de eventos adversos a corto plazo.
Sin embargo, la prudencia es aconsejable. La complejidad del metabolismo de la creatina en el cáncer, la plausibilidad de algunos mecanismos pro-tumorales y la falta de estudios a largo plazo en poblaciones vulnerables justifican una actitud cautelosa, especialmente en pacientes con cáncer activo o en riesgo elevado. La evidencia actual no respalda una prohibición generalizada, pero sí una recomendación de uso informado y, en ciertos contextos, de abstinencia.
El equilibrio entre los beneficios ergogénicos y los riesgos teóricos debe ser evaluado individualmente, considerando el estado de salud, los antecedentes oncológicos y la calidad del suplemento utilizado. La investigación futura debería centrarse en dilucidar los efectos de la creatina en el microambiente tumoral humano y en identificar subgrupos de población que puedan ser más susceptibles a sus efectos.
Referencias bibliográficas (formato Harvard)
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